Semana Santa

Durante la Semana Santa la Iglesia celebra los misterios de la salvación actuados por Cristo en los últimos días de su vida, comenzando por su entrada mesiánica en Jerusalén. Es muy intensa la participación del pueblo en los ritos de la Semana Santa. Algunos muestran todavía señales de su origen en el ámbito de la piedad popular. Sin embargo ha sucedido que, a lo largo de los siglos, se ha producido en los ritos de la Semana Santa una especie de paralelismo celebrativo, por lo cual se dan prácticamente dos ciclos con planteamiento diverso: uno rigurosamente litúrgico, otro caracterizado por ejercicios de piedad específicos, sobre todo las procesiones. Esta diferencia se debería reconducir a una correcta armonización entre las celebraciones litúrgicas y los ejercicios de piedad. En relación con la Semana Santa, el amor y el cuidado de las manifestaciones de piedad tradicionalmente estimadas por el pueblo debe llevar necesariamente a valorar las acciones litúrgicas, sostenidas ciertamente por los actos de piedad popular. 

En la Ciudad de La Laguna los actos de la Cuaresma y Semana Santa comienzan el miércoles de Ceniza con la Presentación del Programa y del Cartel de la Semana Santa de esta patrimonial ciudad. Muchas son los actos culturales y religiosos que se organizan por las diferentes Hermandades y Cofradías de esta Ciudad y por la propia Esclavitud con las "Jornadas Días de Cofradías" y las organizadas por la J.H.C. en la que destacamos el Pregón de la Semana Santa. A continuación les detallamos algunos de los  miembros de la Esclavitud que han sido pregoneros de la Semana Santa de La Laguna.

1949. D. Manuel González de Aledo y Rguez. de la Sierra. Esclavo Mayor en 1942.

1956. D. Eliseo Izquierdo Pérez.

1960. D. Enrique Romeo Palazuelos. Esclavo Mayor en 1980.

1969. Rvdo. José Siverio Pérez. Esclavo Mayor en 1989.

1974. Rvdo. Lucio González Gorrín. 

1977. D. Federico Glez. de Aledo y Buergo. Esclavo Mayor en 1981.

1980. Sr. D. Ramón Álvarez Colomer.  Esclavo Mayor en 1978 y 1987.     

1994. Sr. D. Domingo Luis Martín Rodríguez Acuña. Esclavo Mayor en 1985.

1995. Sr. D.Domingo García Barbuzano. Periodista.

1997. Excmo. Rvdmo. Sr. Obispo D. Felipe Fernández García.Obispo de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna. 1991-2005

1998. Sr. D. José Arturo Navarro Riaño. Jefe de Protocolo.

2000. Fray José Arenas Sabán. Rector del Real Santuario. 1992-2001

2005. Sr. D. José Carlos Marrero González. Periodista.

2006. Sr. D.Domingo José Hernández Yanes. Esclavo Mayor en el 2000.

1981 y 2007. M.I. Sr. D. Julián de Armas Rodríguez. Deán de la S.I.Catedral de Ntra. Sra. de los Remedios. 1998-2014

2008. M.I. Sr. D. Vicente Cruz Gil. Canónigo de la S.I.Catedral de Ntra. Sra. de los Remedios.

2002 y 2009. Rvdo. Daniel Padilla Piñero. Rector del Real Santuario. 2016-

2010. Dr. D. Juan Antonio Pérez Gómez. Doctor. Ex-presidente  de la JHC. 2006-2010

2015. Don Francisco González de Aledo y Buergo. Esclavo Mayor en el 2008.

Domingo de Ramos

Este Domingo tiene un doble título: “Domingo de Ramos”; “En la Pasión del Señor”. La Liturgia de la Semana Santa, como se ha dicho más arriba, actualiza de algún modo la última semana de Jesús antes de su Pasión y Resurrección. Hoy conmemora la ENTRADA DE JESÚS EN JERUSALÉN. Es lo que celebramos en la primera parte de la Liturgia de la Misa de hoy: “Jesús es aclamado y glorificado en su entrada en la Ciudad Santa por sus palabras y por sus obras”.

Después, la celebración se centra en la Pasión. De ahí el segundo título litúrgico del día. Celebramos que Jesús se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo hasta dar la vida. Las vestiduras de color rojo nos recuerdan que se trata de un martirio, con todo lo que lleva consigo de sufrimiento y de muerte, pero también con todo lo que encierra de victoria. Por eso decimos que “CELEBRAMOSla Pasión.

Este mismo día se realiza tradicionalmente la Ceremonia del Descendimiento del Stmo. Cristo de La Laguna y su posterior besapie. La Venerada Imagen es descendida por cuatro esclavos. Una ceremonia solemne y austera, ya que este día no se repica y no se lanzan las salvas de ordenanza como se hace en las fiestas de septiembre.

Los primeros días de la Semana Santa (desde el Domingo de Ramos hasta el Jueves santo por la tarde) pertenecen todavía a la Cuaresma: el Triduo santo pascual de la Pasión y Resurrección del Señor, como punto culminante de todo el año litúrgico, se inaugura con la Misa vespertina del Jueves y tiene su centro en la Vigilia Pascual y el Domingo de Resurrección.

Por tanto, estos días son días feriales de Cuaresma. Para comprender su sentido litúrgico conviene tener presente la intención de las lecturas bíblicas. En la celebración de la eucaristía se leen los tres primeros cánticos o poemas del Siervo del profeta Isaías. Al principio, al Siervo se le identificó con todo el pueblo de Israel. Pero muy pronto los mismos judíos lo interpretaron como el anuncio de un personaje concreto, que asumiría en su propia vida la historia de su pueblo.

En el Nuevo Testamento se aplicó claramente esta figura a la persona de Jesús de Nazaret, mediador de la salvación para todas las naciones.

LUNES SANTO

El canto primero (Is. 42,1-7) está puesto en boca de Dios, que presenta a un elegido, su preferido, sobre el que enviará su Espírtu para que pueda cumplir bien su misión, que no será nada fácil: proclamar la Ley de Dios e implantar la justicia y el derecho. Pero lo hará con suavidad y delicadeza.

En el Evangelio de este día, (Jn.12, 1-11) después de la resurrección de Lázaro, Jesús anuncia claramente que ha llegado su “hora”: va a salir de este mundo y va al Padre: ya se prepara para la “sepultura”. La queja de Judas sirve para señalar la intención del gesto simbólico: Jesús es consciente de que su fin se precipita, e interpreta el gesto de María, la hermana de Lázaro que unge con perfume sus pies, como una unción anticipada que presagia su muerte y sepultura.

Jesús, Ungido como Mesías, y lleno del Espíritu, es el Siervo verdadero. el enviado de Dios para anunciar su salvación a todos los pueblos. El mesías que demuestra ser el Siervo entregando su propia vida por los demás.

Ayer, domingo de Ramos, celebrábamos con él su entrada en Jerusalén, con un gesto decidido de asumir sobre sus hombros el destino que hubiera correspondido a nosotros. El Siervo camina hacia su muerte. Con unción previa incluida. Nuestros ojos, llenos de admiración, deberán estar fijos en él estos próximos días con el deseo de imitar sus mismas actitudes de fidelidad a Dios y de tolerante cercanía para con los demás, dispuestos a vivir como él “entregados por”.

MARTES SANTO

El segundo canto (Is. 49,1-6) está en los labios del mismo Siervo, que es consciente de haber sido elegido desde el seno materno para una misión concreta: hablar en nombre de Dios, reunir a los dispersos y hacer que vuelvan a Dios y ser luz de las naciones. Pero aquí ya aparece un elemento que en el primer canto sólo se podía leer entre líneas: las dificultades que va a tener el Siervo. Habla de fatiga y de dudas. Pero triunfa la confianza en Dios.

En el Evangelio (Jn. 13) Jesús anuncia de nuevo la hora de su “glorificación”, que pasa también por la traición y la debilidad de Judas y de Pedro: es la voluntad firme de Jesús, que camina hacia el cumplimiento de su misión, aunque le cueste la vida. Así se cumple perfectamente en Jesús lo anunciado por el profeta, sobre todo con la entrega de su vida por todos.

La Misa Crismal

Por razones prácticas, con el fin de que puedan asistir a ella el mayor número de sacerdotes, la Misa Crismal se celebra en la mañana del Martes Santo.

Tiene dos aspectos que resultan de gran valor pedagógico para la comunidad cristiana:

- la consagración del crisma y bendición de los óleos que constituyen el signo central de varios Sacramentos (el Bautismo, la Confirmación, el Orden, la Unción de los enfermos); y eso dentro de la Eucaristía; así se subraya por una parte el valor del signo de la unción, y por otra, la centralidad de la Eucaristía para todos los sacramentos;

- el sentido de unión eclesial en torno al Obispo: él es el que preside la celebración, rodeado del presbiterio y los fieles; y de esta celebración se irradia a las diversas parroquias e iglesias la vida sacramental; la renovación de las promesas sacerdotales subraya en este día los valores del sacerdocio en la Iglesia.

Es interesante que desde cada parroquia acuda a la Misa Crismal una delegación formada por los sacerdotes y algunos laicos representativos de las diversas comunidades y movimientos. También es necesario cuidar y resaltar la “recepción” de los óleos sagrados a su llegada a las parroquias.

MIÉRCOLES SANTO

El tercer canto (Is. 50, 4-9) lo dice también el Siervo. Describe su misión como la de un discípulo abierto a lo que Dios le dice para luego transmitir a los demás esas palabras. En este tercer canto se habla más claramente del sufrimiento. Pero también aquí la confianza que el Siervo tiene en Dios le dará ánimos para perseverar hasta el final sin desfallecer. Todo esto se cumplió a la perfección en Jesús.

En el Evangelio (Mt.26), mientras Judas prepara su traición, Jesús camina decidido a cumplir su Pascua: su Paso por la muerte salvadora hacia el triunfo de la Resurrección.

Terminando ya la Cuaresma -concluirá mañana, Jueves Santo, por la tarde, antes de la Misa vespertina- y en puertas de celebrar el misterio de la Pascua del Señor, junto a la admiración contemplativa de su entrega podemos aprender la lección del Siervo de Isaías y sobre todo de Jesús, que cumple plenamente el anuncio del Profeta.

Ante todo, los cristianos debemos ser buenos oyentes de la Palabra, teniendo “espabilado el oído” para escuchar la voz de Dios. Y luego, cuando hablamos a los demás, debemos “decir una palabra de aliento a los abatidos”. Es lo que hizo el Señor: escuchaba y cumplía la voluntad de su Padre y, a la vez, comunicaba una palabra de cercanía y esperanza a todos los que encontraba por el camino.

Además, debemos estar dispuestos a ofrecer nuestra espalda a los golpes cuando así lo requiere nuestro testimonio de discípulos de Cristo y a recibir los insultos que nos pueden venir del mundo ajeno al Evangelio.

También nosotros, enseñados por la Palabra y el ejemplo de Jesús, debemos confiar plenamente en Dios. Estamos empeñados en una tarea cristiana que supone lucha y que es signo de contradicción. Pero, de la mano de Dios, no debemos darnos nunca por vencidos. Si alguna vez nos toca “aguantar afrentas” o “recibir insultos”, basta que miremos a Cristo en la cruz para aprender generosidad y fidelidad. Incluso, cuando alguien nos traicione, como a Él.

COMIENZO DEL TRIDUO PASCUAL

Con la Misa que tiene lugar en las horas vespertinas del jueves de la Semana Santa, la Iglesia comienza el Triduo Pascual y evoca aquella Cena en la cual el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino y los entregó a los apóstoles para que los sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio también lo ofreciesen (CO, 297). Toda la atención del espíritu debe centrarse en los misterios que se recuerdan en la Misa: es decir, la institución de la Eucaristía, la institución del Orden sacerdotal y el mandamiento del Señor sobre la caridad fraterna. Son estos los puntos que conviene recordar a los fieles en la homilía, para que tan grandes misterios puedan penetrar más profundamente en su piedad y los vivan intensamente en sus costumbres y en su vida. 

Jueves Santo

La celebración de la Misa vespertina de hoy es como el prólogo del Triduo Pascual, que comprende exactamente el Viernes, Sábado y Domingo. La Misa del Jueves Santo es algo entrañable, porque en ella conmemoramos de manera especial la institución de la Eucaristía por Jesús en su Ultima Cena con sus discípulos.

Pero eso no lo hacemos tanto a modo de aniversario histórico, sino por la especial relación que tuvo esa Ultima Cena -y por tanto, nuestra Eucaristía- con la Pascua inminente; antes de ser “entregado y empezar su Pasión, Cristo quiso adelantar sacramentalmente la ofrenda de sí mismo, con el lenguaje de unos símbolos eficaces; siempre la Eucaristía tiene relación con la Pascua, porque es su celebración actualizada sacramentalmente, eso significa memorial, y la participación en la fuerza salvadora de la Cruz; pero hoy esta relación se ve más expresivamente: la Eucaristía del Jueves nos lleva dinámicamente a celebrar en plenitud el misterio de la Pascua. Por consiguiente, la Eucaristía de hoy no se entiende sólo en sí misma, sino que mira a la Eucaristía de la Noche Pascual, la más importante del año.

Del mismo modo, EL RITO DEL LAVATORIO DE LOS PIES, propio de este día, no se entiende si no se orienta a la Muerte salvadora de Cristo: es otro gesto sacramental, aunque en otro plano que el Pan y el. Vino de la Eucaristía, que apunta a lo mismo, a la entrega sacrificial de Jesús por los demás.

El tema central de las lecturas de hoy es la PASCUA, en sus dos dimensiones: como acontecimiento histórico y como celebración memorial.

Para los judíos el acontecimiento histórico es la Pascua como paso de la esclavitud de Egipto a la libertad, con todo lo que comporta: salida, sacrificio, Mar Rojo, alianza del Sinaí, travesía del desierto, tierra prometida... Ese acontecimiento lo celebran en la Cena Pascual de cada año.

Para los cristianos la nueva Pascua, el acontecimiento histórico decisivo, es la Muerte y Resurrección de Cristo, el sacrificio del verdadero Cordero pascual, la Nueva Alianza que El selló con su Sangre en la cruz. Este nuevo éxodo -paso a la nueva vida- lo celebramos sacramentalmente en la Eucaristía, la comida que Cristo nos dejó como testamento y signo eficaz de que participamos en su Pascua.

La idea central, por tanto, es la Pascua, y también la Eucaristía, en cuanto celebración sacramental de la Pascua.

Los demás temas que se han hecho característicos del Jueves giran en torno a ese central, y no se entienden aisladamente. Por tanto, no se trata “de una jornada de la caridad” o “del sacerdocio”, aunque ambas realidades tienen mucho que ver con la Pascua y la Eucaristía.

El resaltar la caridad en el día de hoy -siguiendo la línea del Evangelio- es querer ayudar a que todos caigamos en la cuenta de que una dimensión esencial, tanto de la Pascua (Cristo “entregado por”) como de la Eucaristía (este Pan es “mi Cuerpo entregado por vosotros”), es precisamente la actitud de la fraternidad y de entrega por los demás. La fraternidad no es algo añadido a la Eucaristía o una consecuencia moral: es algo que está muy dentro. El pasaje de San Pablo que se lee en la celebración de hoy es una argumentación del Apóstol a los corintios de que una Eucaristía sin apertura al hermano no puede ser la que quiso Cristo.

De ahí los gestos simbólicos que en cada misa se acumulan para expresar esta dimensión horizontal de la Eucaristía: el Padrenuestro recitado en común, el gesto de paz, la fracción de un único Pan para indicar nuestra participación común... y hoy, un gesto nuevo: el presidente que, personificando a Cristo, el Siervo, lava los pies a sus hermanos.

 Aquí entra también el otro: el del ministerio sacerdotal, encarnación visible de la actitud de Cristo, siervo de la comunidad.

Son aspectos que están en cada Eucaristía que celebramos. Pero es lógico que hoy destaquemos más algunos de ellos: la relación de la Eucaristía a la Pascua, el valor de la caridad fraterna, el papel del sacerdote dentro de la comunidad cristiana, como signo sacramental que “insinúa a los fieles la presencia viva de Cristo”.

Los actos en el Real Santuario comienzan a las 17:00 hrs. con la presencia de la Esclavitud y de los fieles.

El Monumento del Jueves Santo

Al término de la Misa de Jueves Santo «In Coena Domini», que conmemora la institución de la Sagrada Eucaristía, el tabernáculo queda vacío en memoria de la muerte de Jesús. Se hace entonces la reserva del Santísimo Sacramento en un lugar especial, tradicionalmente denominado «Monumento».

De esa manera, desde la noche de Jueves Santo hasta la Misa de Resurrección los sagrarios de todas las iglesias quedan sin hostias (formas), para mejor simbolizar la trágica ausencia de Nuestro Señor “crucificado, muerto y sepultado”. No obstante, con su insuperable tacto maternal, la Iglesia introdujo en esos días la costumbre de guardar o reservar en un lugar aparte las hostias consagradas, necesarias para administrar la Eucaristía a los fieles que desearan comulgar en Viernes Santo. Fue ése el origen remoto de la ceremonia del traslado del Santísimo Sacramento al “Monumento”.

Con el paso de los siglos la traslación adquirió un carácter solemne, realizándose de modo procesional, acompañada de cánticos eucarísticos como el "Tantum Ergo", célebre himno compuesto por Santo Tomás de Aquino. Llegados al pie del Monumento —un altar o capilla previamente acondicionado para acoger al Pan del Cielo— en medio de las plegarias y del incienso, los fieles se turnaban, como lo hacen hasta hoy, en actos de adoración continua a Jesús Sacramentado.

La Visita a los Monumentos se practica desde la tarde del Jueves Santo a la mañana del día siguiente (ya que en la tarde del Viernes Santo, después de las funciones litúrgicas conmemorativas de la Muerte del Salvador, se consumen todas las hostias del Monumento y la iglesia queda sin Santísimo, en recuerdo de la tragedia del Gólgota)

Lo esencial de las visitas es recorrer siete iglesias, en memoria de los siete palabras que hizo Nuestro Señor Jesucristo,en el lugar del suplicio final, el Monte Calvario.

Es un día especial para los vecinos de La Laguna, cuando “Monumentos” presiden los altares mayores. Los maravillosos objetos en plata, resultado final del antiguo arte de los grandes maestros plateros laguneros y las impresionantes composiciones florales salen a la calle rindiendo homenaje al Cristo consagrado en el Pan y el Vino.

Viernes Santo

La celebración del Viernes Santo se centra, evidentemente, en la Cruz de Cristo, en el Misterio de la Muerte salvadora del Redentor. Toda ella respira un cierto tono de serenidad y contemplación. No de tristeza, pero sí de seriedad orante en torno a Cristo en su Muerte.

La Cruz es el símbolo más importante de la celebración. El color rojo nos indica el carácter martirial y victorioso de la muerte de Cristo; las lecturas que desembocan en la adoración de la Cruz; y los cantos, también centrados más que nunca en el misterio celebrado, todo ello nos hace escuchar y asimilar con fe la gran lección y la fuerza salvadora de esa Cruz pascual.

Hoy celebramos ya la Pascua, en su primer momento, el de la Muerte. La Pascua abarca un doble movimiento, descendente y ascendente, y es un único acontecimiento: Muerte y Resurrección del Señor. Los tres días se celebran como un único día, y tienen una única Eucaristía, la de la Vigilia, punto culminante del Triduo, donde no se recordará solo el aspecto glorioso, sino toda la “inmolación del Cordero pascual”. Pascua no es sólo la Resurrección: antes es la muerte. No podemos quedarnos en celebrar sólo la muerte, pero tampoco sólo en la glorificación. Por eso, la celebración de hoy con un tono de fe pascual y de esperanza, tiene con todo un clima de sobriedad y admiración contenida por el gran acontecimiento del Siervo hasta la muerte.

Hoy la comunión eucarística no es el aspecto principal de la celebración. Participamos en realidad de la Eucaristía celebrada el Jueves Santo. Y el sagrario queda totalmente vacío y abierto, para subrayar la total novedad de la Pascua: en la Vigilia empiezan con expresiva renovación todos los sacramentos.

Procesión de Madrugada

Es en el amanecer del Viernes Santo que La Laguna se tiñe y caracteriza de una forma tan especial, oliendo a incienso quemado y “sonando a malagueñas” con las cuales se acompaña y se rinde homenaje al Santísimo Cristo de La Laguna durante su traslado desde su Real Santuario hasta la S.I.Catedral de Nuestra Señora de los Remedios.

La “Procesión de Madrugada” es sin lugar a duda de los más sugestivo y fiel a la tradición religiosa relatada por los Evangelios relatando el encuentro entre el Hijo y su Madre, siguiendo la más antigua tradición procesional europea. A las 3,1 de la mañana da comienzo la celebración de las Siete Palabras en el Real Santuario ("Padre, perdónales por que no saben lo que hacen"). A la s 4 de la mañana bajo los sones del Himno Nacional procesiona la Venerada imagen del Stmo. Cristo visitando los monumentos de los conventos y parroquias siguientes y meditando cada una de las palabras que Jesús pronunció antes de morir en la cruz: Convento de San Juan Bautista ("M.M. Clarisas") ("En verdad te digo: Hoy estarás conmigo en le paraiso"), Convento de Santa Catalina de Siena (M.M. Dominicas) ("Mujer, he ahi a tu hijo. Hijo, he ahí a tu Madre"), Parroquia de Santo Domingo de Guzmán, ("Dios mio, Dios mio, ¿Porqué me has abandaonado?") Siervas de María, ("Tengo Sed") Parroquia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción ("Todo se ha cumplido") y Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de los Remedios ("Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu").

 

 

 

Las Malagueñas al Stmo. Cristo de La Laguna en la procesión de madrugada.

Durante el transcurso de la procesión de Madrugada varios cantantes de diversas agrupaciones folclóricas cantarán las malagueñas al palo seco, es decir, sin música, Estas Malagueñas estarán con el permiso del Obispado de San Cristóbal de La Laguna y de la P. R. Vble. Esclavitud. El coordinador de estas malagueñas es el esclavo Alexis Abel García, profesor, pedagogo y músico folclorista.

Las malagueñas se cantan en los siguientes lugares:

  • Puerta del hogar del Stmo. Cristo de La Laguna.
  • Ventana entrada Calle Ascanio y León Huerta (Monjas Claras)
  • Iglesia de Santo Domingo de Guzmán (Plaza)
  • Balcón Central del Ayuntamiento de La Laguna.

Los solistas han sido:

  • Olga Benavente. (Cantante, Folclorista y fundadora del trío Acaymo)
  • Germán Rodríguez del Castillo. (Solista.)
  • Cristina Vera. (Solista y Folclorista)
  • Ana Isabel Mesa Báez. (Solista)
  • Mercedes Marrero. (Solista)
  • Ana Cristina Hernández Caballero.
  • José Antonio Luis Hernández.
  • Alexis Abel García. (Director Musical y Solista)
  • Iván Quintana (Los Gofiones).
  • José Francisco Ferrera Rodríguez (Solista y Folclorista)
  • María Belén Padilla Izquierdo. (Solista)
  • Olga Africa Marrero Santana. (Cantante y Solista).
  • Jonathan Vera.(Solista).
  • Angeles y Obdulia Cabrera
  • Daniel Cruz
  • Ana Mesa
  • María Mérida (Premio Canarias 2017)

Las Malagueñas:

"Se juntó mucha gente a celebrar la fiesta de una santa imagen del Crucificado, que está en aquel convento (...) La gente que acude de todas las islas a esta fiesta es innumerable, y todos los demás días del año está la iglesia hecha un santuario, porque desde las mañanas hasta las avemarías nunca falta gente, que con gran devoción visita al Santo Cristo. Y muchas personas vienen descalzas, manifestando sus necesidades espirituales y corporales, y todas vuelven a sus casas con gran consuelo".

Esta fe y devoción por el Cristo ha quedado también reflejada en las coplas populares, como ya hemos visto. El repertorio es extenso, y sólo vamos a transcribir las más representativas y vigentes en la memoria colectiva, con dos joyas a la cabeza, como son las cuartetas compuestas por Rafael Hardisson, en 1927, y por Sebastián Padrón Acosta, en 1952.

La primera, que fue presentada ese año al certamen del Ateneo, dice así: "Al Cristo de La Laguna / mis penas le conté yo: / sus labios no se movieron / y sin embargo me habló". Y la segunda mereció la espiga de oro del concurso de coplas de San Benito, cuyo jurado estuvo integrado por Domingo Cabrera Cruz, Emeterio Gutiérrez Albelo y Rafael Hardisson. Posiblemente sea una de las coplas más cantadas y sentidas del repertorio canario: "Si subes a La Laguna / entra en el Cristo a rezar, / para que Dios te perdone / lo que me has hecho llorar".

Si las coplas dicen que el Cristo alivia las penas y también reconforta en los desengaños amorosos, otras cuartetas pregonan que tal devoción nace con el lagunero desde la misma cuna, como rezan las siguientes:
"Llevo pendiente del cuello / desde que estaba en la cuna, / una medalla bendita / del Cristo de La Laguna". Su autor es Domingo Gutiérrez Bello, y fue presentada al Concurso de San Benito, de 1952. En otra de su coplas desarrolla la misma idea: "Siendo yo niño, mi madre / me arrodillaba en la cuna, / y me enseñaba a rezarle / al Cristo de La Laguna".

En otras aparece compartida la devoción popular entre el Cristo y la Virgen de Candelaria, como sucede en éstas: "El que nace en Tenerife / tiene al lado de su cuna, / la Virgen de Candelaria / y el Cristo de La Laguna". Su autor es Antonio Ribot, abuelo de nuestro querido compañero Quique Lecuona, miembro fundador de Los Sabandeños. Y Elvira Machado, en su libro de coplas Alma canaria, incluye la siguiente: "La Virgen de Candelaria / y el Cristo de La Laguna, / son las dos grandes fortunas / de nuestras Islas Canarias".

Otro de los grandes motivos de inspiración coplera de la Fiesta del Cristo es, sin duda, lo que conocemos familiarmente con el nombre de La Entrada. Es decir: los numerosos y espectaculares fuegos de artificio que se lanzan en honor del Cristo antes de que se produzca su entrada al Santuario. Así llega a decir el poeta lanzaroteño Antonio Zerolo en una de sus coplas: "El que quiera conocer / si en Canarias hay fervor, / que vaya todos los años / a La Entrada del Señor".

El poeta y músico lagunero, José González Gutiérrez, al que todos llamábamos cariñosamente Pepe "el Cartero", destacado orfeonista y autor de obras polifónicas como la que dedicó a las Cruces de La Laguna, también incluyó el tema de La Entrada en varias de sus coplas: "Muchos miles de cohetes / se elevaron en La Entrada, / pero fue mucho mayor / el número de plegarias".

Pero hemos dicho que el cohete se convierte en foguete o volador, para poder entendernos. Ya el término volador, que compartimos con los murcianos, está utilizado en el Diario, de Juan Primo de la Guerra, que describe así una quema de fuegos en La Laguna: "Anoche fueron los primeros fuegos costeados por el Cabildo, que han sido hechos en Inglaterra. Había entre ellos algunos voladores, que despedían una luz más pura". ELFIDIO ALONSO

 

Malagueñas al Stmo. Cristo de La Laguna

"Hoy me paro en este paso,

y te rezo en  malagueñas,

oh mi cristo lagunero,

que sufirendo tu calvario,

das tu vida por la nuestra"

"Al cristo que es mi alegría,

rezo y canto con orgullo,

siento en esta melodía,

mi corzaón con el tuyo,

y sumirada en la mía"

"No hay pena más imponente,

que verte así mi cristo lagunero,

condenado a muerte,

tan solo y agonizando,

clavado en el madero,

que pena así, mis cristo lagunero"

Escucho con atención

aunque me vean dormido

los pies y manos clavados

y el costado dolorido.

“Con que tristeza se vive,

Viernes santo lagunero.

Ver a tu Cristo clavado,

en ese pobre madero.”

"La noche del Viernes Santo

brilla mas clara la luna

para alumbrar el camino,

al Cristo de La Laguna."

"Santo Cristo lagunero,

que cargas con nuestras culpas,

bendice esta hora santa,

que en rezo de malagueña,

te suplico y hago tuya."

Aquel primero de julio

cuando mi padre murió

la familia quedó triste

y también me quedé yo.

"Bajo sus pies yo senti,

que mi alma se quebraba.

El Cristo me consoló,

mientras mis ojos, lloraban."

"Mi voz se convierte en rezo,

y mi copla en agonía

para poder ayudarte,

con tu corona de espinas"

"Sintiendo en mi su mirada,

hoy rezo bajo el madero,

mi malagueña te ofrezco,

que enjuage hoy tus heridas,

con amor puro y sincero,

hoy te rezo,... Cristo lagunero"

Qué pena me da, Señor,

verte clavado en la Cruz

el corazón se me parte

sabiendo quien eres Tú.

“Cuando estaba en la agonía,

sin salud y sin dinero.

Oh Cristo de La Laguna,

una mano me tendías,

desde lo alto del cielo.”

“El aroma de las flores,

llena el aire a tu paso.

Ay Cristo de mis amores,

malagueñas yo te canto.” 

“Oh Cristo de La Laguna,

de sus amores sagrario.

No hay canario que en su pecho,

no lleve ese relicario.”

Cuando te veo, mi Cristo

cosido en ese Madero

no sé qué pasa en mi alma

que voy a hablar y no puedo.

“ La luna ilumina tu rostro,

porque no se cree lo que está viendo.

A mi Cristo lagunero

clavado en el madero.” 

“ Te clavaron en la cruz,

unos hombres despiadados.

Y con tu bondad y virtud,

le pedias a Dios del cielo,

que ellos fueran perdonados.

"A mi Cristo lagunero,

le canto con devoción,

plegarias en malagueñas,

que nacen del corazón,

y suplican perdón,

de mi tierra tinerfeña."

Despierta, Cristo, despierta,

en la noche parrandera

cubiertos tus pies de rosas

dalias, lirios y azucenas.

“Donde vas amigo mío,

con esa cruz a la espalda.

Con que dignidad la llevas,

ayúdame con la mía,

que no puedo soportarla.” 

Oh, Cristo de La Laguna,

eres justo y milagroso

escucha mis malagueñas

llenas de dicha y de gozo.

Cristo de Aguere que pasas

esparciendo amor y vida

por tus benditas heridas

oye el cantar de mi gente

que es oración encendida.

 

 

 

Otras de las ocaciones que se le cantan o cantaban las malagueñas  al Stmo. Cristo de La Laguna era el día de Canarias .EL REAL SANTUARIO DEL CRISTO lagunero lucía todo su esplendor. Pareciera que los ángeles del Cielo hubiesen bajado a segar los jardines tinerfeños para dejarlos a los pies del Santísimo Cristo Moreno. La Agrupación Folclórica Hermanos Rodríguez de Milán entraba en el templo -siendo ya tradicional- a oír la Eucaristía para luego ofrecer un rosario de malagueñas ante el Cristo de los ojos cerrados. Como cada viernes, el Santuario se encontraba repleto de fieles devotos, que no sólo pudieron escuchar nuestras típicas malagueñas, sino que, además, admiraron la artística decoración de azucenas y lirios amarillos que engalanaban el templo, desde los canceles hasta los altares. Semejaban al mismísimo sol del mediodía, o quizá a un trocito de la Gloria.

Arriba en su trono, el Cristo, plegado a la Cruz de plata, taladrado a ella por amor a los hombres, y los brazos abiertos en compasivo abrazo de perdón.

Doce malagueñas cantadas con el corazón en los labios hicieron que nuestro Cristo abriera sus benditos ojos, para mirarnos complacido y escuchar las coplas nacidas esa tarde-noche en riguroso estreno: la primera fue interpretada por Felipe Rodríguez y, a continuación, sus hijos, Ángela y Ruymán; le siguieron sus sobrinos Ana, Rosario, Cristo y Tita. Una familia de cantadores conocidísima en nuestras islas y fuera de ellas.

El Santuario temblaba de emoción contenida, y las lágrimas se dieron cita en muchos de los que vivieron esa tarde de fe y de amor hacia el Cristo lagunero.

Es necesario decir que este acto está organizado y dirigido por Sebastián Rojas Cruz (Chano), polifacético artista tejinero, quien ha trabajado desde sus comienzos para que este día sea ya tradicional, como bien explicó el párroco del Santuario, Rvdo. D. Francisco, aunque es de destacar la colaboración del Ayuntamiento de La Laguna -ya Patrimonio de la Humanidad- y del Organismo Autónomo de Actividades Musicales.

Al final del entrañable acto religioso, D. Sebastián, y la que esto comenta recitaron dos poemas, oraciones hechas verso en la tarde de amor al Crucificado Moreno.

Viernes Santo-Procesión Magna

La Procesión magna comienza a las 5 de la tarde desde la Santa Iglesia Catedral de Ntra. Sra. de los Remedios, de ella parten cronologicamente los 24 pasos que narran de forma catequetica la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo el recoorido es el siguiente:  Plaza de la Catedral,  C/ Obispo rey Redondo (La Carrera), C/Ascanio y Nieves,  C/ San Agustín, C/ Nava y Grimón, Plaza del Adelantado, C/ Obispo rey Redondo (La Carrera), hasta la esquina con la Plaza de la Catedral. A su término el paso del Stmo. Cristo de La Laguna, la Dolorosa, San Juan Evangelista y Santa María Magdalena retornan a sus respectivos templos. Una vez que el Stmo. Cristo llegua a su Real Santuario, se procederá a la emotiva ceremonia del descendimiento y besapié y colocación en su altar. 

Sábado Santo-Vigilia Pascual

Es la celebración central de todo el año, la que lleva a la cumbre el camino que empezamos con la Cuaresma y la que inaugura la Cincuentena pascual. Como nosotros, miles y miles de comunidades cristianas en todo el mundo cantan y celebran la Pascua del Señor y su propia Pascua.

Los ricos símbolos con los que en la Noche de la Vigilia Pascual expresamos nuestra fe: la noche misma y su oscuridad, la luz, el cirio, el pregón, las flores, el aleluya solemnemente entonado, el sacramento del Bautismo y la Eucaristía, hacen de esta celebración la más importante de todo el año.

Esta Pascua que hoy celebramos es lo que da sentido a nuestra fe y a nuestra existencia: por eso somos cristianos, por eso seguimos perseverando a pesar de las dificultades, porque Cristo ha inaugurado un nuevo orden de cosas y vive para y con nosotros. No seguimos a un libro, o a una doctrina, o a un maestro y fundador, sino a una Persona Viviente, Jesús, el Mesías y Salvador, que ha sido resucitado por el Espíritu y constituido como Señor. La palabra del Evangelista San Marcos nos anima: no os asustéis, no tengáis miedo: Jesús Nazareno, el que había sido crucificado, no está aquí, en el sepulcro, ha resucitado. Y el propio Jesús nos sale al encuentro y nos envía.

Pascua es novedad de vida, alegría, libertad cristiana, energía, esperanza. En un mundo lleno de noticias tristes, de confusión y cansancio, hemos escuchado y celebrado un anuncio salvador. Algo tiene que cambiar en cada uno de nosotros, en nuestras familias, en nuestra comunidad parroquial, en la sociedad. Empezamos cincuenta días de testimonio de nuestra fe en el Resucitado y de nuestra propia vida como existencia pascual.

Comienza el tiempo pascual 

Según una antiquísima tradición, esta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la Noche Santa en la que el Señor resucitó, ha de considerarse como «la madre de todas las Santas Vigilias» (san Agustín). Durante la Vigilia, la Iglesia espera la Resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana (CO, 332). Los fieles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc 12, 35-48), deben asemejarse a los criados que con las lámparas encendidas en sus manos esperan el retorno de su Señor, para que, cuando llegue, los encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa. Esta vigilia es figura de la Pascua auténtica de Cristo, de la noche de la verdadera liberación, en la cual, «rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo» (pregón pascual).

Domingo de Resurrección

Este es el día en que actuó el Señor, la solemnidad de las solemnidades y nuestra Pascua: la Resurrección de nuestro Salvador Jesucristo según la carne (elog. Del Martirologio Romano). 

Nuestra fe en Cristo Resucitado nos viene a través de la Iglesia que a lo largo de los siglos nos transmite el testimonio de los apóstoles que vieron el sepulcro vacío y creyeron (Ev.), y comieron y bebieron con Él después de resucitar (1 lect.). El primer día de la semana es el día en que actuó el Señor (salmo resp.) resucitando de entre los muertos, y será ya para siempre el día del Señor, el domingo. En la segunda lectura san Pablo nos recuerda que hemos resucitado con Cristo, lo que ha ocurrido por la fe y el bautismo, y que, por ello, debemos buscar los bienes del cielo donde está Cristo, la Víctima propicia de la Pascua (cf. secuencia y aleluya).